Este año, la Iglesia y toda la Familia Franciscana han celebrado una fecha de profundo significado: los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís. Ocho siglos han pasado desde aquel acontecimiento, pero su vida y su mensaje continúan teniendo algo que decirle al mundo de hoy, puede parecer sorprendente que un hombre nacido en Asís hace 800 años pueda todavía interpelar a la educación del siglo XXI. Sin embargo, quizá esa sea precisamente la fuerza de su testimonio: cuando una vida está profundamente arraigada en el Evangelio, su mensaje puede atravesar los siglos y seguir dando frutos.
Francisco nos dejó una manera de mirar a Dios, al ser humano y a la creación. Nos enseñó la fraternidad, la sencillez, el servicio, el respeto por toda criatura y, especialmente, la búsqueda de la paz.
Por eso, “Paz y Bien” no es solamente un saludo franciscano. Es una manera de relacionarnos con el otro; es reconocer que quien está frente a nosotros no es un extraño ni un rival, sino un hermano.
Y aquí comienza nuestra reflexión como educadores:
¿Qué estamos haciendo para formar personas capaces de convivir, respetar, servir, cuidar y construir paz?
Un carisma que continúa dando frutos
El carisma de Francisco no quedó detenido en el siglo XIII. A lo largo de la historia, muchas personas encontraron en él inspiración para responder a las necesidades de su tiempo.
Uno de esos frutos fue Madre Clara Ricci, nacida en Savona, Italia, quien encontró en el espíritu franciscano el camino para entregar su vida al servicio de Dios y de los demás. Desde Savona, con la fundación de las Hermanas Franciscanas Angelinas, aquel carisma comenzó una nueva etapa de su historia.
Este año, mientras celebramos los 800 años del tránsito de San Francisco, también recordamos los 125 años del tránsito de Madre Clara Ricci a la Casa del Padre.
Dos aniversarios que nos invitan no solamente a recordar, sino a preguntarnos:
¿Qué tienen que decirnos hoy Francisco y Madre Clara?
Y, particularmente:
¿Qué puede aportar el carisma franciscano-angelino a la educación boliviana de hoy?
De Asís a SAvona, de Savona a Bolivia
Un carisma vivo no permanece inmóvil. Cruza fronteras, se encarna en nuevas culturas y responde a nuevas necesidades.
Así, aquello que comenzó con Francisco de Asís encontró una expresión particular en la vida y misión de Madre Clara Ricci en Savona y, posteriormente, llegó hasta Bolivia a través de las Hermanas Franciscanas Angelinas.
Hoy ese legado continúa presente en nuestras obras educativas, pastorales y de promoción humana, por eso, no hablamos simplemente de una espiritualidad del pasado.
Hablamos de un carisma que continúa escribiendo su historia en el presente.
Y esto adquiere especial importancia cuando miramos nuestra realidad educativa.
Bolivia enfrenta grandes desafíos: mejorar los aprendizajes, fortalecer la lectura y la escritura, atender las dificultades de aprendizaje, avanzar en inclusión, prevenir la violencia, fortalecer la relación entre familia y escuela y responder a los cambios tecnológicos.
Pero detrás de todos estos desafíos existe una pregunta fundamental:
¿Qué tipo de persona queremos formar?
Podemos tener estudiantes con buenas calificaciones que no sepan convivir.
Podemos incorporar tecnología y seguir teniendo jóvenes que no sepan escuchar.
Podemos hablar de inclusión y mantener estudiantes que se sienten solos dentro del aula.
Podemos desarrollar competencias y formar personas indiferentes ante el sufrimiento de los demás, por eso, la educación necesita conocimientos y competencias, pero también necesita sentido, aquí el carisma franciscano-angelino puede ofrecer una propuesta profundamente humana.
Educar desde la fraternidad
Una de las grandes enseñanzas franciscanas es la fraternidad.
La escuela es uno de los primeros espacios donde aprendemos a convivir con personas diferentes a nosotros. Por eso, la inclusión no puede reducirse a matricular a un estudiante.
Incluir significa hacer que una persona se sienta parte.
Significa acompañar al estudiante que aprende de otra manera, comprender sus necesidades, evitar etiquetas y descubrir sus capacidades, la mirada franciscana nos invita a algo sencillo y, al mismo tiempo, profundo: “Reconocer al otro como hermano”.
Cuando dejamos de preguntarnos “¿por qué es diferente?” y comenzamos a preguntarnos “¿qué puedo hacer para que se sienta parte?”, estamos transformando verdaderamente nuestra escuela.
Educar para la Paz
Hablar de paz no significa pensar en una escuela sin conflictos. Los conflictos forman parte de la vida, el verdadero desafío consiste en enseñar a resolverlos sin destruir al otro.
Una educación inspirada en el “Paz y Bien” debe enseñar a dialogar, escuchar, reconocer errores, pedir perdón, reparar el daño y buscar soluciones.
La paz no se construye solamente con reglamentos. Se construye en las relaciones cotidianas:
Cuando el maestro escucha;
Cuando el estudiante puede equivocarse sin ser humillado;
Cuando la autoridad corrige sin destruir la dignidad;
Cuando quien cometió una falta tiene la oportunidad de reparar.
Cuando los padres colaboran con la educación de sus hijos sin justificar sus malas acciones.
La paz no es solamente ausencia de violencia; es una manera de relacionarnos con los demás.
Educar para servir
Francisco nos recuerda que la verdadera grandeza no está en estar por encima de los demás, sino en ponernos al servicio de los demás, en una sociedad que muchas veces nos invita a competir, destacar y preguntarnos qué podemos obtener, la escuela puede enseñar otra pregunta:
¿Qué puedo aportar?
Entonces el conocimiento deja de ser solamente una herramienta para beneficio personal y se convierte también en una posibilidad de servicio.
Aprender para servir.
Crecer para servir.
Liderar para servir.
Educar para servir.
Quizá este sea uno de los grandes desafíos de la educación: formar personas que comprendan que liderar no significa estar por encima de los demás, sino poner los propios talentos al servicio de los demás.
Y ahí encontramos una de las mayores riquezas de la propuesta franciscana angelina: educar no solamente para saber más, sino para ser mejores personas y poner lo que somos y sabemos al servicio de los demás.