La COB después del diluvio: Anatomía de un pliego petitorio entre la épica y el ridículo

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Hay documentos que se leen y documentos que se sufren. El pliego petitorio que la Central Obrera Boliviana presentó el 15 de junio de 2026, bautizado con la grandilocuencia característica del género como “Agenda Mínima para un Gran Diálogo Nacional”, pertenece decididamente a la segunda categoría. No por su densidad intelectual —de eso, lamentablemente, adolece en cantidades industriales— sino por la proeza retórica de presentar la derrota como victoria, el agotamiento como fortaleza y la rendición negociada como conquista histórica. En el olimpo de la pirotecnia verbal boliviana, este documento merece, al menos, medalla de plata. 

Conviene recordar el contexto, porque el contexto, en política, lo es todo. La COB emerge de 47 días de bloqueos que paralizaron rutas, encarecieron la vida, destruyeron cadenas productivas y costaron al país, según estimaciones conservadoras 2.500 de millones de dólares en actividad económica perdida. Una organización que se presenta como defensora del pueblo trabajador organizó, con ejemplar coherencia, el desabastecimiento de ese mismo pueblo. Tras semanas de resistencia gubernamental y un costo social descomunal pagado por los más vulnerables, no precisamente por los dirigentes sindicales, la COB llega ahora a la mesa de negociación. Y llega, naturalmente, exigiendo. Porque en la gramática política boliviana, la derrota siempre se redacta en modo imperativo.

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CHAVEZ, Gonzalo
CHAVEZ, Gonzalo

Economista y columnista en periódicos y medios digitales de Bolivia