Desde la perspectiva de la gente común el tener una deuda es algo natural, pues el concepto incide en entender el crecimiento que emerge de la inversión productiva que agrega valor y genera un beneficio con márgenes que permiten incrementar la riqueza de las personas. Si esta simple explicación la trasladamos a las empresas y organizaciones con fines de lucro, el entendimiento de los conceptos es más contundente ya que se constituye en el fundamento de toda economía, independiente del modelo que se haya adoptado en el marco de la globalidad o ante una coyuntura emergente que demande respuestas y se asocie con la línea política que lo propone.
Cuando la explicación de estos conceptos se amplía a una sociedad y consecuentemente a un país y a su población, el alcance tiene un mayor y más amplio significado poque nos involucra a todos; es decir, a los ciudadanos hombres y mujeres de todas las edades sin distinción de orígenes, culturas, colores ni religiones. Como en cualquier actividad que realizamos comúnmente los miembros de la sociedad constituidos u organizados de diversas formas, requerimos contar con ingresos para atender las necesidades y consecuentemente cubrir los gastos que demanda nuestra sobrevivencia; dependiendo, claro está, de la relación que exista entre ingresos y egresos personales. Cuando en esta relación los egresos son mayores que los ingresos recurrimos a préstamos que cubriremos a futuro con nuevos ingresos estimados o con reducción de gastos. Entonces, toda vez que nos prestamos dinero debemos prever que se genera un costo adicional denominado tasa de interés que nos fija el prestamista.
Cuando en un país acontece algo similar, la dimensión o magnitud del flujo del dinero tiene otras dimensiones, puede ser abundante o no, pero ya no se hablan de números de cinco dígitos, por el contrario, se hace referencia a millones, en nuestro caso de bolivianos o dólares. Es importante ampliar la explicación, indicando que la necesidad de fondos para gastos puede atenderse con ahorros de años anteriores, con mayores ingresos provenientes de ventas de nuestros productos, principalmente exportables o por el contrario de créditos. Esta última opción es la que nos convierte en deudores.
Lo que aconteció en nuestro país fue algo inédito pues los ingresos que percibimos alcanzaron el 2014 a 13.585 millones de dólares registrados en las RIN, pero cayeron hasta 1.976 millones de dólares a fines de 2024, creciendo a 2.800 millones de dólares por el incremento del precio del oro en el primer semestre 2025. (Google. Visión general creada por IA.) Por su parte los ingresos por exportaciones de 2006 a 2025 primer semestre alcanzaron a 170.426 millones de dólares. (Cámara de Exportadores) ¿Qué paso con tantos recursos? Los dilapidaron, los utilizaron en inversiones improductivas, en subvenciones, en bonos de toda índole, en pagos a todos los dirigentes de la COB además de todos los sindicatos posibles, gastaron en sueldos para funcionarios públicos, derrocharon en gastos dispendiosos o finalmente se los robaron.
Según declaraciones del Ministro de Economía y Finanzas Públicas a finales de julio de 2025, la deuda pública total de Bolivia a junio de 2025 ascendía a aproximadamente $US 13.806 millones, equivalentes al 25% del PIB de los cuales $US 13.450 millones eran deuda externa y el resto deuda interna que sumaba aproximadamente Bs 69.240 millones hasta abril de 2025, representando el 18,3% del PIB. Se conoce también que, si incorporamos el indicador de solvencia, este se encuentra por debajo de umbrales internacionales establecidos por el CAN y el marco de sostenibilidad de deuda del FMI y Banco Mundial. Asu vez, el déficit fiscal proyectado para Bolivia en 2025 se estima en alrededor del 9% del PIB, según el proyecto del Presupuesto General del Estado (PGE) de ese año. Este monto refleja un incremento del gasto público y una disminución de los ingresos estatales, situándose entre los déficits más altos de la región y planteando un nuevo riesgo para la economía boliviana. Adicionalmente, un analista económico J.R. con fuente en datos del MEFP y del BCB amplia la información indicando que el total de la deuda alcanza a $US 47.700 millones, $US 34.400 millones deuda interna y $US 13.300 millones de deuda externa en la que no se incluye la deuda de los gobiernos subnacionales ni la deuda flotante, ni la de las empresas públicas con el BCB que estaría alrededor de $US 8.900 millones y $US 9.700 millones de la Gestora que a mayo 2025 se encuentra en poder del TGN por la compra de bonos, que representa el 34% del total de su cartera de $US 28.500 millones.
Recordemos que la población de Bolivia para 2025 es de aproximadamente 12.581.843 habitantes, según datos de Worldometer, que se basa en proyecciones y se sitúa cerca de las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), que ya habían proyectado cifras similares para el año. (INDEC. Dirección Nacional de Estadísticas de Precios.) Entonces si hacemos matemáticas básicas deuda total estimada porque no sabemos la real y la dividimos entre el número de habitantes, tendremos un primer escenario básico de cuanto debemos más los respectivos intereses que no los hemos establecido y todo esto sin nunca habernos prestado un solo boliviano. Por tanto, nos convertimos en BOLIVIANOS, 200 AÑOS después en DEUDORES INCONCIENTES castigados por el derroche y la ineficiencia de los gobernantes.
Por otra parte, sabemos que Bolivia es la economía número 94 a nivel mundial por volumen de PIB, con un crecimiento de aproximadamente 1.4% en 2024. Sin embargo, en términos de libertad económica, Bolivia ocupa el puesto 164 de 176 países en el mundo y el puesto 30 de 32 en América según el Índice de Libertad Económica 2025, lo que la clasifica como una economía con restricciones significativas. La calidad de vida en Bolivia es baja y se caracteriza por altos niveles de pobreza (aproximadamente el 36% de la población vive en pobreza moderada y el 12% en extrema), con efectos desproporcionados en mujeres, jóvenes y pueblos indígenas. El acceso a servicios básicos, agua potable, electricidad y alcantarillado es limitado para una gran parte de la población, y la informalidad laboral es alta (85% de la población ocupada), lo que dificulta el acceso a seguridad social, además la esperanza de vida ha disminuido y la calidad de vida se ve afectada por la desigualdad, la educación, la baja infraestructura y la contaminación por residuos sólidos. Finalmente, y aunque el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Bolivia ha mostrado una mejora reciente, se ubica en una posición baja a nivel mundial (puesto 120). (Google. Visión generada por IA)
DESPUÉS DE TODO LO EXPRESADO, ESPERAMOS QUE PRONTO NO NOS ENCONTREMOS CON SORPRESAS, AL DESTAPAR LA CAJA NEGRA QUE NOS DEJA EL ACTUAL GOBIERNO.