Retos, redes sociales y la importancia de acompañar a nuestros hijos

Foto: © Puro Marketing
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El reciente caso de un adolescente hospitalizado en Santa Cruz tras realizar un reto viral encendió las alarmas entre padres y docentes. ¿Qué lleva a los chicos y chicas a poner en riesgo su vida por un “desafío” en redes sociales? La respuesta no es sencilla. Los retos virales son hoy parte del mundo digital de nuestros hijos, y entender su lógica, más que prohibirla, es clave para acompañarlos de manera consciente y efectiva. 

Uno de los desafíos que actualmente circula en TikTok, una de las plataformas más utilizadas por adolescentes en Bolivia, es el Blackout Challenge (provocarse la pérdida de consciencia mediante autoasfixia). Este mismo reto causó en 2022 la muerte cerebral de un niño en Inglaterra. 

Ante hechos como este, es natural que madres y padres experimentemos miedo, angustia o incluso pánico al pensar que nuestros hijos puedan verse envueltos en este tipo de dinámicas. Surgen entonces preguntas inevitables: ¿Cómo evitarlo?, ¿Cómo hablar con ellos sobre estos temas? 

Para responder, primero necesitamos comprender qué son los retos virales, qué buscan y si todos representan un peligro. Algunos pueden ser simples juegos o acciones con fines solidarios; otros, sin embargo, implican riesgos físicos o emocionales serios. 

¿Qué son los retos virales? 

Son desafíos que se difunden rápidamente en redes sociales gracias a la curiosidad, el humor o la necesidad de pertenecer. Se clasifican en tres tipos: inofensivos (bailes o imitaciones), solidarios (como el Ice Bucket Challenge) y peligrosos, que comprometen la integridad de quienes participan. La solución no está en prohibirlos, sino en generar confianza, diálogo y acompañamiento. La seguridad de nuestros hijos no se garantiza con miedo ni control, sino con presencia y comunicación. 

Vulnerabilidad y necesidades sociales en la adolescencia

La adolescencia es una etapa de intensas transformaciones biológicas, emocionales y sociales. El cerebro aún está en desarrollo: el sistema emocional funciona a toda marcha, mientras la corteza prefrontal (encargada del juicio y el autocontrol) madura más lentamente. Esto explica la búsqueda de experiencias intensas y la impulsividad, a lo que se suma la necesidad de aprobación del grupo de pares. La presión social, la inmadurez cerebral y la sensación de invulnerabilidad “a mí no me va a pasar”, pueden llevarlos a asumir riesgos. No lo hacen por imprudencia, sino por una necesidad profunda de pertenecer y ser aceptados.

El mundo digital como escenario de identidad 

Hoy, la construcción de identidad no ocurre solo en el mundo real. Las redes sociales son espacios donde adolescentes buscan validación y reconocimiento. Los “likes” y comentarios funcionan como una medida simbólica del valor personal, aumentando la presión y la exposición a riesgos. En este contexto, nuestros hijos necesitan una comunicación empática, que acompañe sin juzgar y que los ayude a desarrollar pensamiento crítico. Esa es su brújula y su ancla frente a la vorágine digital.

El rol de madres y padres en una sociedad hiperconectada 

Para muchos adultos, el mundo digital resulta desconocido. Podemos creer que el control parental nos protege, pero eso da una falsa sensación de seguridad. El verdadero acompañamiento no pasa por el control, sino por la presencia activa: saber qué consumen nuestros hijos, qué los inspira y quiénes son sus referentes digitales. Educar en este entorno implica fomentar el uso crítico y responsable de la tecnología, promoviendo la reflexión sobre lo que se comparte y consume.

La llamada mediación parental activa propone involucrarnos, generar confianza y abrir espacios de conversación. No todos los retos son negativos, y reconocerlo nos permite acercarnos sin juzgar. Algunos incluso pueden ser oportunidades de conexión o solidaridad. Por ejemplo, cuando surgió el Ice Bucket Challenge, tuve la oportunidad de reflexionar con mi hija sobre su necesidad de participar en él y sobre el propósito solidario detrás del reto.

Como padres y madres podemos conversar con nuestros hijos e hijas y pedirles que, cuando estén expuestos a situaciones de presión grupal, esas en las que alguien les dice “a que no te atreves”, se detengan un momento a pensar:

¿Este reto pone en riesgo mi vida? ¿Pone en riesgo la vida de otra persona o ser vivo? ¿Pone en riesgo mi entorno? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es sí, entonces no es un buen reto.

También es importante activar lo que se conoce como escucha activa en el vínculo cotidiano con nuestros hijos. Escuchar activamente significa hacerlo no para responder, sino para comprender, prestando atención no solo a las palabras, sino también al cuerpo, los gestos y las emociones.

Por otro lado, es fundamental conversar con las chicas y los chicos sobre las posibles consecuencias, físicas o emocionales, que pueden tener los retos peligrosos. Podemos invitarlos a reflexionar sobre por qué quieren participar, qué buscan o sienten al hacerlo.

Nuestro rol como madres y padres, en un contexto donde muchas veces desconocemos los riesgos que enfrentan nuestras hijas e hijos, es ayudarlos a desarrollar un pensamiento crítico, que les permita tomar decisiones informadas y reflexionadas, incluso cuando la presión social sea intensa. 

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CLAROS, Paula
CLAROS, Paula

Comunicadora social