¿Y si nos contagiamos la empatía?

Imagen ilustrativa
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“La empatía representa la base del respeto hacia los demás. Es la capacidad de sentir con el otro” (Daniel Goleman)

La crisis por el abastecimiento de combustibles en nuestro país, sumada a la escasez de algunos productos y al incremento de precios, no solo en productos básicos, sino en prácticamente todo, ha convertido a muchas ciudades de Bolivia en escenarios donde predomina un clima emocional marcado por el enojo y el miedo.

Desde hace un tiempo, palabras como cisterna, gasolina, todo está caro y no hay dólares se han vuelto parte habitual de nuestras conversaciones cotidianas. Todo esto ocurre en medio de bocinas, discusiones y gritos, lo que ahonda aún más la sensación de desesperación y frustración colectiva.

El pasado fin de semana, mientras observaba el caos, por conseguir gasolina, una palabra vino a mi mente: empatía. Pensaba en cómo, en este momento, tantas personas estamos compartiendo emociones similares: miedo, angustia, impotencia. Muchos de nosotros ya hemos hecho filas de tres o cuatro horas por gasolina, hemos dejado de comprar productos que antes consumíamos porque ya no podemos pagarlos, o simplemente porque ya no los podemos encontrar y hemos tenido que reorganizar nuestras prioridades para garantizar lo básico. Estamos todos y todas en lo mismo, intentando cuidar a nuestras familias y cubrir sus necesidades en medio de la adversidad.

En contextos como este, donde el caos parece apoderarse de todo, la empatía puede convertirse en un contrapeso emocional que alivie, aunque sea un poco, el peso que cargamos.

¿Y qué es la empatía? Podríamos decir que es una habilidad y capacidad emocional que nos permite no solo ponernos en el lugar del otro, sino también acompañar su sentir. Es una de las capacidades más importantes en nuestras relaciones humanas.

Daniel Goleman, autor del best seller: “La inteligencia emocional”, propone que la empatía es fundamental para las relaciones humanas y que, si bien hay una base biológica que la sostiene de forma innata (como las neuronas espejo), esta habilidad se puede fortalecer a lo largo de la vida, especialmente si se modela desde la infancia en contextos seguros y respetuosos. No obstante, también afirma que cuando una persona está bajo presión constante, como en una crisis social o económica, su capacidad empática puede disminuir.

Esta palabra, que podríamos considerar “mágica y necesaria”, fue acuñada en 1909 por Edward Titchener al traducir del alemán la palabra Einfühlungsvermögen, que significa “ser capaz de sentir lo que otra persona está sintiendo”.

¿Y por qué la considero mágica y necesaria? Porque en contextos de estrés social y familiar, la empatía nos puede ayudar a gestionar mejor los momentos de crisis. Si logro comprender lo que el otro siente podré, por ejemplo, respetar la fila por gasolina sin desesperarme, seguir las normas de tránsito para no generar más desorden, comprar dos botellas de aceite y no seis, para que también alcance para los demás.

Además, si logro practicar la empatía en momentos difíciles podré modelar esa habilidad ante las niñas y los niños que me observan. Porque ellos no solo nos escuchan: nos miran con atención, nos leen, nos sienten.

No basta con decir a las niñas y niños que deben ser empáticos si, por ejemplo, en medio del caos por combustible, no respeto la fila, apago mi auto y lo dejo estacionado para ganar espacio, me estaciono en vías donde interrumpo el tránsito o grito e insulto si no me dejan estacionar donde “yo quiero”.

Recordemos, que las niñas y los niños aprenden más de nuestras acciones que de nuestras palabras. Y, sobre todo, valoran la coherencia. Cuando lo que decimos y lo que hacemos van de la mano, sienten seguridad emocional. Cuando no, sienten confusión y desconfianza.

Los adultos somos quienes podemos transformar este momento, por más caótico que sea, en una oportunidad para enseñarles habilidades de vida que sumen a su formación emocional y favorezcan una mejor convivencia.

Y una de ellas es, sin duda, la empatía. Y es que la empatía no solo se enseña, al igual que todas las emociones, sobre todo, se contagia. En este tiempo de incertidumbre, tratemos de contagiar empatía en lugar de ira, caos y frustración y ojalá que ese contagio empiece por nosotras, las personas adultas.

 

 

 

 

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CLAROS, Paula
CLAROS, Paula

Comunicadora social